jueves, 23 de febrero de 2012

¿Para qué mentirte?

Mi trabajo, lo repito, es de lo mejor que tengo en mi vida actual. Es algo que me llena en muchos aspectos y de lo que me siento orgulloso, no por la parte económica (porque mi salario es más bien bajo), sino porque tengo la sensación de aprender continuamente.

El otro día, en mi centro de trabajo estaba hablando con un paciente encoprésico, al cual llamaré "Daniel", sobre su problema. Lo veo andando por el pasillo de una manera muy graciosa, como un pato o un vaquero de tira cómica y le suelto un "¿Por qué andas así?" y me responde Daniel: "¿Para qué mentirte, hombre? Me he cagado encima otra vez y voy a limpiarme porque es mi responsabilidad al fin y al cabo, aunque no lo haga queriendo. Si te miento y te digo que no me he hecho encima o no me limpio va a ser un problema después... por el olor y porque voy a manchar todo. Prefiero no mentirte."

¿Qué es lo sorprendente de esto? Pues que Daniel tiene un trastorno general del desarrollo, entre otros muchos problemas. Es lo que la sociedad conoce como un "retrasado". Lo que me sorprende es que Daniel, a pesar de sus problemas cognitivos, fue capaz de razonar lo mínimo como para aceptar que, aunque no fuera su voluntad, había hecho un estropicio y tenía que hacerse cargo él mismo. En ese momento me sentí abrumado por su aplastante lógica.

Ustedes y yo estamos viendo tiempos malos. Los estamos viviendo. Recortes, pobreza, hambre, etc. Todo por la culpa de unos pocos y ellos sí que lo hacen voluntariamente. Daniel es el ejemplo claro que cada uno debe saber aceptar sus desgracias y lidiar con ellas en la medida de lo posible para no afectar a los demás, pero sobre todo a uno mismo.

Que tengan ustedes un buen fin de semana.

1 comentarios:

  1. Supongo que la forma más rápida de salir de hoyo será aceptando la situación e intentando manejarla lo mejor posible.
    Un saludo.

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